Un mismo receso, múltiples realidades

Para las y los estudiantes, las vacaciones pueden significar distintas cosas dependiendo de sus contextos. Aprovechando el regreso a clases después del receso de mitad de año, quisimos preguntarles a varias niñas, niños y jóvenes de diferentes partes del pais, cómo ocuparon este tiempo.

Hay para quienes las vacaciones parecen ser el arte del descanso. Es el caso de Lina Sofía, estudiante en Ataco, Tolima. Para ella, este fue un tiempo de «compartir con mi familia y mis compañeros lo que nunca he compartido con ellos (…) Un tiempo para descansar de las guías, del colegio y de levantarnos temprano». Con eso está de acuerdo su compañera María Valentina: «Me gustan las vacaciones porque puedo compartir con mi familia, hacer una fogata o hacer un campamento (…) Lo que más me gusta hacer es patinar en mi casa». Claro que descansar y salir de la rutina no tiene por qué ser sinónimo de no hacer nada. Si no, que lo diga Yuri Paulina, estudiante en Cali, quien utilizó este receso para «ensayar teatro, ir al centro cultural y salir con mi familia»     

Pero para otros, en las vacaciones no se debe descansar demasiado para no correr el riesgo de oxidarse. Así le ocurrió, por ejemplo, a Kevin Daniel, también de Cali, quien las usó para «estudiar, estudiar y más estudiar, porque este año hubo muchos festivos y, por causa del poco tiempo de clase que hemos tenido, vamos derecho hasta noviembre». En Barranca, Santander, Leidy, aunque por razones distintas, le halla la razón: «Estas vacaciones no tuve pensado salir por estar pendiente del proyecto que tenemos con unos compañeros. tenemos sembrado en el colegio cilantro, pepino, yuca (…) entonces tuvimos que estar pendientes de regarlas, de echarles el abono». Así también lo decidió Duverney. Para él, estudiante en Corinto, Cauca, las vacaciones fueron un tiempo útil para «retomar y fortalecer el proceso realizativo de jóvenes, ya que viene la XXXV Asamblea juvenil de Huellas, en Caloto. Entonces la idea fue seguir con los muchachos fortaleciendo el tema de los jóvenes en nuestra autonomía [indigena]».

Para algunos más, sin embargo, el receso de mitad de año es sinónimo de nuevas responsabilidades. Así le pasó a Johnny, en Cartagena del Chairá: «Mi mamá se vino al pueblo conmigo para darme estudio, y por eso es que mi papá está solo en la finca. En vacaciones aproveché para ir a la finca a ayudarle: cocinar, trabajar, de todo un poquito», Algo similar hizo su compañero Yefrey Camilo, quien fue a la finca a decidir, junto con su familia, «si dejamos un poquito de reserva allá, porque tenemos ganado pero poca sombra, y mejor dejarles sombrita a los animales. También a cuidar a los arbolitos»

Como se ve, la vida escolar no empieza ni acaba con el calendario lectivo, ni tampoco se limita a lo que pasa dentro de las paredes de las escuelas, Lo que pasa fuera de uno y otro límite, es igual de importante en la formación de las niñas, niños y jóvenes. Una educación de calidad debe tener en cuenta esto.