Tecnoambiente: una apuesta educativa rural en Sandoná

¿Cómo hacer de la tecnología una herramienta para valorar lo nuestro en escenarios rurales? ¿Cómo desarrollar una pedagogía de la tecnología para el mundo rural? De eso nos hablaron Adilson Barahona y Lorena Navarro, docente y estudiante respectivamente de la I. E. Sagrado Corazón de Jesús de Sandoná, Nariño.

Será un carro recolector de basuras, pero no uno cualquiera: su contenedor principal tendrá una banda que, acompañada de imanes que recuperen los metales, tornillos sin fin que agrupen los vidrios, conductos de agua que seleccionen lo orgánico, ventosas que saquen los plásticos y otros mecanismos de reconocimiento y sistemas acoplados digitalmente, logren separar los distintos tipos de residuos en unos contenedores secundarios. Se llamará Carro Recolector Ecológico Separador Inteligente de Residuos Sólidos o, como sus creadores prefieren, cresirs.

Si suena como un proyecto serio, útil y bien pensado, es porque lo es. Pero contrario a lo que se podría pensar, no ha sido diseñado por una multinacional, alguna agencia gubernamental o un centro de estudios especializados. Las mentes detrás de este proyecto, que ya cuenta con estudios de diagnóstico, de necesidad, de experiencias internacionales y hasta de hábitos culturales de la población, son estudiantes del grado décimo de la I. E. Sagrado Corazón de Jesús, en el corregimiento El Ingenio, zona rural de Sandoná. Este es solo uno de los grupos de investigación en tecno-ambiente que ha promovido Adilson Barahona, docente de Física de este colegio y premio Compartir 2019.

«Normalmente en las zonas rurales de Colombia —dice el profe— al hablar de educación en tecnología se refiere simplemente a la alfabetización en manejo computacional: Office, hacer transcripciones, hacer tablas, adornarlas, cambiarles el color, etc. Eso es importante saberlo, pero no puede quedarse allí. Las competencias en tecnologías deben desarrollar un conocimiento útil y transversal que promueva las capacidades y procesos creativos de los estudiantes, sus visiones críticas del mundo, la resolución de problemas de sus entornos y sus habilidades comunicativas. La educación en tecnología debe dejar huella, en los muchachos y en sus comunidades»

Para cambiar esto, el profe Adilson implementó un programa en tecnoambiente, con una secuencia didáctica de tres momentos: en octavo grado, los estudiantes aprenden y desarrollan conceptos ambientales; en noveno, generan competencias en investigación interdisciplinaria y aprendizaje explícito; para finalmente, en décimo, ponerse manos a la obra en su intervención tecnológica.

«La primera vez que tuve clases con el profesor Adilson fue en octavo. Nos preguntó qué era el medioambiente; respondimos que era lo que nos rodea y él nos dijo que no, que esa era una visión antigua y antropocéntrica, que el ambiente nos incluye a nosotros como personas. Para mí fue como si dejáramos de estar ciegos». Quien habla es Lorena Navarro, una de las estudiantes que sacó adelante el proyecto Cresirs. Ella, como muchos de sus compañeros dentro del grupo de tecnoambiente Los renovadores, cursó toda la secuencia didáctica creada por el docente: «Lo primero que tuvimos que hacer fue darnos cuenta de los problemas ambientales de nuestro municipio. Nos concentramos en la problemática de las basuras del corregimiento, pues allí el carro recolector solo llega al 50 % de la población, y compacta pero no separa la basura, por lo que no sirve de nada que la gente recicle en sus casas», explica Lorena.

Después vino la etapa de investigación, la cual incluyó la revisión de la política de recolección de basuras en el municipio, análisis de comportamientos culturales frente a las basuras e incluso entrevistas y diálogo con expertos en el tema, provenientes de Estados Unidos y Francia, para conocer sus experiencias. Finalmente, en la última etapa, diseñaron un concepto, un proyecto y una maqueta de la solución al problema: «Quisimos cambiar la relación que tenemos en el corregimiento con los desperdicios —complementa Lorena—. Exploramos varias ideas hasta llegar a esta». 

A través de su modelo, un enfoque de aula invertida, en la que son los mismos estudiantes quienes hacen y resuelven sus dudas a través de la investigación, y con el cual buscan mejorar la calidad de vida de las comunidades, el profe Adilson ha logrado empoderar a niños, niñas y jóvenes desde un pensamiento crítico, invitándoles a analizar su contexto, a formular preguntas y a plantear soluciones integrales para las problemáticas identificadas.