Sueños y retos del inicio del año escolar

El 14 de enero se dio inicio oficial a la jornada escolar 2019. Pero mientras para unos estudiantes es sinónimo de nuevas oportunidades, para otros trae incertidumbres. Estas son algunas de sus historias.

Es un fenómeno sobrecogedor, si se piensa en ello: cerca del 15 % de la población de Colombia inició clases, esto tan solo en el sistema público. Según el Ministerio de Educación, el pasado 14 de enero, cuando comenzó la jornada escolar 2019, más de seis millones de estudiantes se habían matriculado en los colegios oficiales —todavía hay cuatro millones de cupos disponibles—y cerca de 700 mil estaban matriculados en las universidades públicas

Detrás de cada uno de ellos hay historias de vidas llenas de sueños y oportunidades, pero también de retos e incertidumbres: algunos seguirán estudiando y otros, aunque quieren hacerlo, aún no tienen claro cómo lograrlo; unos están tranquilos por lo que viene mientras otros se desvelan pensando en la odisea que implicará cumplir con sus proyectos. Brandon, Cárol, Karen y Wilson son cuatro jóvenes que reflejan todas estas facetas del inicio de la jornada escolar. En sus historias se condensa lo bueno y lo malo de la educación en Colombia.

Lo bueno: los sueños se empiezan a materializar Brandon Ospina es un joven chaparraluno que está a pocos días de iniciar una nueva etapa de su vida: la universitaria. Va a entrar a estudiar Derecho en la Universidad de Ibagué y le emociona el nuevo mundo que se está abriendo ante sus ojos: «Espero conocer personas nuevas, culturas distintas y hacer amigos, ampliar mi círculo social y educativo», dice Brandon sin ocultar los nervios. «Estoy emocionado por apasionarme más por la carrera que elegí y por empezar a formar las bases para, cuando tenga mi título, ser un excelente abogado, uno de los buenos».

Una emoción similar es la que tiene su paisana, Karen Dayana Rivas Chávez. Ella, también recién graduada, entrará a estudiar Administración financiera en la Universidad del Tolima: «Esta es la oportunidad para formarme como profesional y mejorar como persona, para realizar muchos sueños que tengo en mente, muchos proyectos (…). Mi meta es terminar la carrera, empezar a trabajar en ella y poder, en el futuro, cuando sea estable, ayudar económicamente a mis padres y estar en cada momento de sus vidas, porque son lo más lindo que tengo», sentencia Karen.

Con ellos está de acuerdo Cárol Hernández, estudiante de 10o grado de la I. E. Soledad Medina, también de Chaparral. Este año cambiará de colegio, y espera, en sus propias palabras, «hacer nuevos amigos, relacionarme con ellos (…), definir mi proyecto de vida, realmente enfocarlo en algo que me haga supremamente feliz, terminar mi educación media con muy buen promedio y acceder a la educación superior».

Para Wilson Rayo, hasta hace poco estudiante de la la I. E. T. Camacho Angarita del corregimiento El Limón, en Chaparral, de lo que se trata este 2019 es de buscar las oportunidades, estén donde estén. Su experiencia como personero estudiantil, líder del corregimiento e increíble bailarín de danza folclórica, le han enseñado que si se tiene la motivación el resto llega tarde o temprano: «Este año el reto es estudiar, salir adelante, ser el orgullo de la familia».

Lo malo: cuando el precio de la educación es el desarraigo

«Uno los retos que me tocó enfrentar en el 2019 fue tener que irme a Bogotá (…). Me tocó dejar familia y amigos, pues en la región no se nos brinda las oportunidades para salir adelante (…). A los que queremos estudiar nos toca salir a otros l a d o s » . Quien habla es Wilson. Él, como muchos otros, llegó a la gran capital, a 256 kilómetros de su casa, buscando oportunidades de trabajo para poder ahorrar y, así, poder seguir estudiando, su verdadero objetivo. Aunque está con sus hermanos, dejar atrás a sus seres queridos y la vida que conocía es el precio que tuvo que asumir para cumplirlo.

Brandon también tuvo que hacerlo. Para él, quien vivirá en Ibagué mientras sus padres se quedarán en Chaparral, «comenzar una nueva vida es también salir de casa, estar de alguna manera solo, empezar a tomar decisiones también solo (…), conseguir un trabajo para poder sostenerme de alguna manera yo mismo».

Incluso a Karen, quien podrá estudiar en la sede que tiene la universidad departamental en Chaparral, le espera toda una odisea para poder cumplir con las clases: «Vivo con mis padres en una vereda (…). De aquí a Chaparral son unos 30 minutos en buseta o 20 si se va ligero (…). Para estudiar entonces me va a tocar bajar los sábados para devolverme los domingos a mi casa; bajaría los sábados para estudiar el domingo por la mañana y regresar por ahí a las 7:00 u 8:00 p. m. a mi casa».

El futuro

A pesar de las adversidades, y posiblemente motivados por las oportunidades que se les abren y los sueños con los que venían, ninguno de ellos está pensando en renunciar ni en rendirse: «En esta etapa de cambios tan difícil como es nuestra adolescencia siento que podemos lograr mucho si trabajamos en equipo y tenemos en cuenta que todos somos diferentes y que de nuestras diferencias podemos aprender», asegura Cárol.

Para Brandon de lo que se trata es de «meterle actitud para lograr buenos resultados», así como «ir para adelante porque vamos a ser los mejores» y para Wilson es «no dejarse caer, no dejarse caer, siempre salir adelante».

Los cuatro protagonistas de esta crónica hacen parte de la Red de jóvenes del Tolima y de la Red nacional de jóvenes, iniciativas apoyadas por Educapaz. Sus historias son las de miles de estudiantes del país, preocupados por su propio futuro como individuos pero que no dejan de trabajar porque todos los y las estudiantes sean escuchados, puedan acceder a la educación superior si así lo quieren, y disfruten del derecho a una educación de calidad.

Es curioso cómo cada uno de estos jóvenes, a pesar de tener edades cercanas y de venir del mismo municipio, tiene realidades y proyecciones educativas tan disímiles, reflejo de la necesidad de un sistema público universal. La idea de hacer un gran pacto nacional por la educación, tan mentado por el nuevo Gobierno, pasa porque podamos dar a todos los y las estudiantes la misma educación de calidad y las mismas oportunidades, poniendo el estándar de la oferta pública en los mejores niveles. Sin ello no seremos realmente una sociedad decente. Sin ello, jóvenes como Brandon, Cárol, Karen y Wilson la tendrán difícil; no todos lo lograrán.