Músicas para educar en paz

La música, el canto y el baile son experiencias colectivas desde las que se pueden promover transformaciones educativas, sociales y culturales. De eso hablamos con tres expertos en el tema que han sabido utilizar el poder de la música para construir canales de reconciliación y educar para la paz. 

Silencio. Antes del sonido primero siempre viene el silencio. Marimbas, cununos, tambores y bombos lo interrumpen. Después llega la voz, una voz rítmica de mujer que canta mientras habla o que habla mientras canta: «Los sueños nos alimentan el alma, la música soñada se convierte en una canción transformadora. Músicas para educar es un telar de sueños, pasiones y emociones que se entretejen con un propósito de preparar al mundo para la construcción de paz desde la música y la educación». ¿Lo pudieron imaginar? Si no, no importa, en este enlace pueden escucharlo. 

Lo cierto es que las palabras no logran ese tipo de conexión que si alcanza la música. Quizás por eso desde siempre esta ha sido utilizada para educar: los pueblos ancestrales de América lo hicieron y lo hacen, también las comunidades afrodescendientes, antes y después de ser obligadas a cruzar el Atlántico, y es muy probable que nuestras abuelas, madres y nosotras mismas hayamos aprendido a contar o el abecedario a través de alguna ronda. 

De este poder educador que tiene la música hablamos el pasado 1 de octubre en el Webinar de Educapaz, Músicas para educar: el papel de la música en la construcción de paz (verlo completo, aquí). Este contó con la participación de Maria Teresa Guillen, directora del proyecto Canta Bogotá Canta de la Secretaría de Educación de Bogotá, el padre Bolivar Montaño, coordinador de la Pastoral educativa y cultural de Guapi, Cauca, y Deidamia García, subsecretaria de educación de Bogotá y coordinadora de la Red Músicas para educar

Para María Teresa, «la música es un derecho, una necesidad, un ejercicio natural de comunicación que no se lo podemos quitar a nadie». En ese sentido, más que de una herramienta pedagógica ─que también lo es─ se trataría de un ejercicio de convivencia. De allí la importancia de un proyecto como Canta Bogotá Canta, el cual ella dirige, uno que a través de la conformación de coros escolares hace un ejercicio socializador y de reflexión acerca del impacto de las acciones individuales en el bienestar del grupo, de la importancia de escuchar al otro, de buscar armonías con los demás y de la necesidad de aplicar esas enseñanzas, fundamentales para el buen funcionamiento de cualquier coro, en su aula de clase, en su casa, en el barrio y en la vida diaria. 

En esto coincide el padre Bolívar, un educador y sacerdote afrocolombiano del litoral pacifico caucano quien, desde la pastoral educativa del vicariato de Guapi, ha sabido tomar el conocimiento ancestral de la música y convertirlo en una estrategia didáctica para transmitir emociones, pensamientos y sentimientos en las aulas de clase (ver su perfil, aquí). «La música del Pacífico ─nos dice el Padre─ ha sido resistencia, es la visibilización de los problemas, es decir lo que nos está gustando y lo que no nos está gustando (escuchar un ejemplo, aquí). La música del Pacifico tiene una sincronía con lo espiritual, en todos los sentidos, en la relación entre el hombre y la mujer con un ser trascendente. La música del Pacifico crea relaciones humanas, o no, ¡es relaciones humanas!, es integración, por eso un grupo musical del pacifico necesita como mínimo de nueve personas que tienen que tener sincronía, unidad a pesar de las diferencias». 

Este objetivo también lo tiene la Red Músicas para educar, creada hace dos años en el marco del 1er. Encuentro Nacional de Educapaz, «como una manera de promover cultura de paz y de convivencia a través de la música», como lo explicó Deidamia. Es un ambicioso proyecto pedagógico con cinco líneas: Escuela – Red, que incluye procesos empíricos y académicos de formación musical, divulgación cultural, con la que se pone a viajar la música creada a través de conciertos didácticos, memoria, en la que se hacen investigaciones sobre la música en escenarios de violencia y de paz así como su impacto en la construcción de memoria y reconciliación,  incidencia, en la que se hablan con los gobiernos locales para incorporar el tema en los currículos escolares, y comunicación para el cambio social, en la que se socializa y se fomenta la replica de la experiencia.  

Pero hay temas que es mejor experimentar que simplemente contar. La música como herramienta para la construcción de paz es uno de ellos. Por eso el pasado 4 de octubre hicimos un segundo Webinar al respecto: Taller práctico de Músicas para Educar (puede verlo, aquí). En este se hicieron ejercicios didácticos para mostrar algunas formas de incorporar la música como vehículo para la transformación de las relaciones entre las personas y las comunidades. Como se ve, la paz, al igual que la buena educación, también se escucha, se baila y se canta.