Mujeres urambiando por sus territorios

Durante el preencuentro virtual nacional de redes, «Territorios Protectores de Vida: Educando a una Generación de Paz», organizado virtualmente por Educapaz entre el 24 y el 28 de noviembre de 2020, se realizó la mesa «Mujeres y Territorio»*. En conmemoración del Día Internacional de la Mujer, recordamos y recogemos algunas de las reflexiones y conclu-acciones que surgieron de esa mesa.

Durante la uramba, una práctica tradicional de las poblaciones negras del Pacífico colombiano, cada miembro de la comunidad contribuye voluntariamente a la recolecta de alimentos para hacer una comida comunitaria: la una pone la jaiba, la otra el maduro, la de aquí el aceite y la de allá el viche. Un ejercicio similar, pero reemplazando la comida con ideas, fue lo que se hizo en la mesa «Mujeres y Territorio», un intercambio de sentires y reflexiones sobre el rol de las mujeres en la transformación de sus comunidades.

En el espacio participaron trece personas, mujeres en su gran mayoría, teniendo como invitadas especiales a Derlin Sandoval Montaño, de Guapi, Cauca; Jimena Figueroa, de Chaparral, Tolima; Diana Patricia Landázury Caicedo, de Buenaventura, Valle; y Tomasa Vente Sinisterra, de Timbiquí, Cauca (ver perfiles en el recuadro). Durante los noventa minutos que duró la Mesa, entre las invitadas y asistentes surgió un enriquecedor y agradable diálogo sobre las formas en que han construido su liderazgo dentro de las comunidades, las principales dificultades para incidir como mujeres en el territorio y la forma de alentar a otras mujeres para que no toleren el maltrato.

La Mesa permitió que las participantes encontraran, en medio de sus diferencias, algunos elementos compartidos, y algunas características en los procesos, que les hicieron saber que no estaban solas, que lo que sentían o lo que le ocurría a una de ellas era algo por lo que estaban pasando varias o incluso todas. Despertar algunas mañanas con dudas existenciales sobre la verdadera utilidad del trabajo que se realiza es una de esas situaciones: «El trabajo social a ratos se torna desesperanzador —confesó Diana—, porque quieres hacer muchas cosas pero vemos que la realidad, a veces tan dura, te pisa, te abruma. ¿Para qué estoy haciendo todo esto? La única forma en que veo que uno puede superar eso es a través de la pasión por lo que haces. La pasión es lo que te permite continuar».

Con eso estuvo de acuerdo, entre otras, Yennidet Castiblanco, docente en un Centro de Internamiento Preventivo (las antiguas Correccionales de Menores) de Caquetá: «Cuando terminamos la carrera salimos con ganas de transformar el mundo, como habíamos aprendido que otros profesores lo estaban haciendo, pero la realidad fue muy diferente. A los pocos días de empezar un hombre llamó a intimidarme, a pedirme que me fuera del Departamento. Lo primero que tuve que hacer para enfrentarlo fue encontrar mi identidad: quién soy, qué estoy haciendo aquí, qué quiero hacer de mi vida.

Ante estos problemas y los muchos que tienen los niños y jóvenes del Centro, ¿debo callar, debo hablar, debo quedarme, debo irme? No fue fácil, pero al final me di cuenta de que así sea desde el silencio y desde el anonimato, estamos resistiendo desde las aulas».

Las dificultades propias de educar por la paz y la reconciliación en territorios vulnerables, aumentan mucho más cuando quienes están detrás de las iniciativas son mujeres. Ese fue otro punto en el que coincidieron las asistentes a la Mesa. Para Derlin, por ejemplo, «cuando queremos cambiar las cosas nos llaman “feminazis” o “machorras”, todas esas frases que intentan herirnos y callarnos. En los entornos protectores todavía encontramos resistencia de los padres cuando queremos empoderar a las niñas y mujeres jóvenes: “¿A usted quién le enseñó eso? ¡Eso es antinatural!”. Entonces lo que pueden aprender en las aulas o en las movilizaciones, lo desaprenden en el hogar». Para Adaluz, quien participó en el Encuentro desde San José de las Hermosas, Chaparral, las lideresas deben sortear obstáculos adicionales: «Es verdad que, como docentes, tenemos que hacer mayor esfuerzo para incentivar a las niñas que a los niños. Pero eso no es todo: si una mujer quiere hacer alguna actividad fuera de la casa —asegura—, el esposo siempre le pone problemas; incluso cuando se crean asociaciones de mujeres, siempre aparecen hombres que quieren tomar el control, manipular la organización».

Pero también parece haber una sensación de abandono institucional, un abandono estatal que en algunos territorios es histórico pero que parece empeorar cuando de asuntos de mujeres para mujeres se trata. Un buen resumen de ello lo hizo Leidy Andrade, de Palestina, Tolima: «No tenemos quien nos acompañe para generar más conocimientos en los temas que nos interesan; siempre nos ha tocado a nosotras mismas, al ensayo y error, siempre trabajando solitas, sin respaldo, o mejor, respaldándonos entre nosotras, las propias mujeres, aunque no siempre sepamos de los temas». Un ejemplo, contando por Derlin, ratifica este escenario: «Conocimos el caso de una mujer víctima de violencia, con un núcleo familiar grande, que perdió a su pareja a raíz del conflicto armado. Aunque tenía el derecho, no podía declararse como víctima ni como desplazada simplemente porque no sabía cómo, no tenía a nadie que le explicara los pasos a seguir. Nosotras incluso muchas veces tampoco sabíamos cómo orientarla para superar las barreras institucionales, pero ahí fuimos aprendiendo, unas mujeres apoyando a otras mujeres».

A pesar de los contextos, los machismos y la ausencia institucional, estas mujeres, las que compartieron la Mesa, han ideado, implementado y sostenido fascinantes y originales proyectos que responden a una de las principales necesidades que tienen ellas, en sus comunidades: reconocer el maltrato —no solo físico— y no tolerarlo. Respondiendo a esto surgió «Cimarronas Pedaleando por la Vida», un colectivo con el que las mujeres de Guapi, Timbiquí y López de Micay encuentran redes de apoyo para emprender sus propios proyectos productivos y comerciales, que les den independencia económica y con los que puedan mitigar la violencia financiera. Así surgieron el «Violentómetro», una iniciativa surgida en Bogotá, que les muestra a las mujeres las diferentes manifestaciones de violencias, especialmente las ocultas, para que sepan si están siendo víctimas de maltrato sin saberlo; los «comadreos», con los que las mujeres de Buenaventura, aprovechando espacios tradicionales de encuentro, están conociendo las rutas de atención contra el maltrato para lograr sortear las barreras que impone la institucionalidad; o la inclusión de parteras y autoridades tradicionales étnicas y campesinas, como primeros agentes de salud en muchas zonas rurales del país, dentro de las rutas de atención en contra de la violencia de género, entre otras iniciativas.

La mesa «Mujeres y Territorio», como el resto de los espacios del preencuentro virtual nacional de redes, no fue un evento sino un eslabón en un proceso que viene desde antes y que se extenderá en el tiempo. Incluso, como varias de las participantes lo propusieron, esta puede ser el paso previo a la creación de una Red Nacional de Mujeres por la Educación para la Paz. Estaremos encantados de registrar ese hecho cuando ocurra ✐

Invitadas especiales a la mesa «Mujeres y Territorio»

  • DERLIN SANDOVAL MONTAÑO

Lideresa comunitaria integrante de la Red de Mujeres del Pacífico, tesorera de la Asociación Étnica Cultural Mujeres de Chonta (Asecmucho) y coordinadora del Grupo de Niños, Niñas y Jóvenes Guardianes del Territorio del Municipio de Guapi(Cauca).

  • JIMENA FIGUEROA

Lideresa de la Red de Mujeres de Chaparral.

  • DIANA PATRICIA LANDÁZURY CAICEDO

Socióloga, activista, especialista en Gestión de Procesos Psicosociales y consultora especialista de Género en el Programa de Inclusión para la Paz (Buenaventura, Valle).

  • NEIR CARDOZO

Lideresa de la Red Mujeres del Sur de Tolima.

  • TOMASA VENTE SINISTERRA

Lideresa comunitaria del municipio de Timbiquí e integrante de la Red Matamba y Guasa. Actualmente es la presidenta de la Asociación Regocijo de Amor (Timbiquí,Cauca).