Madres educadoras: historias de vida

No solo la mayoría de docentes son mujeres, sino que las madres asumen la mayor parte de la carga acompañando la educación en casa de sus hijos e hijas, brecha de género que se ha profundizado durante la emergencia por el Covid-19. En el mes de la madre, hablamos con tres de ellas.

Las mujeres educan al mundo. Eso por lo menos es lo que se puede concluir al conocer que el 66 % de docentes son mujeres, cifra que es incluso mayor en Colombia en donde, de acuerdo al Banco Mundial, conforman el 77 % del total de maestros. Pero incluso fuera de las aulas, son las mujeres quienes mayoritariamente acompañan la educación de sus hijos e hijas: les ayudan a hacer las tareas, mantienen el contacto con las maestras, acuden a las actividades del colegio, etc. 

«Vivimos en una comunidad altamente machista: el trabajo de la educación de los niños se deposita en las madres. Yo siempre he tenido esa responsabilidad y, aunque me gusta, a veces llego a asfixiarse combinando esto con las labores de la casa y los otros trabajos que realizo… Siempre es una labor que se les deja a las madres». Quien habla es Sandra Patricia Saa Mosquera, de Timbiquí, Cauca. Pero no es la única que siente eso: un estudio realizado por la organización Innovations for Poverty Action (IPA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en El Salvador, Costa Rica y Colombia, reveló que en el 84 % de hogares fueron las mamás quienes debieron ponerse la camiseta acompañando la educación a distancia de sus hijos durante la pandemia por el Covid-19, mientras que solo en el 6 % de los casos fueron los padres, hombres, quienes lo hicieron. 

Lo que las cifras demuestran es que detrás de aquella romantizada frase con la que abrió este artículo, las mujeres educan al mundo, se esconde una injusta brecha de género que está impactando negativamente a las mujeres en general y a las madres en particular. De hecho, el estudio antes mencionado encontró que durante la pandemia las mamás sintieron más tristeza, inapetencia, malestar, miedo, cansancio e insomnio que los papás, especialmente en aquellos hogares en los que ellas asumieron solas las responsabilidades educativas de los hijos. 

En contraste, cuando los padres hombres se involucraron en la educación a distancia, la brecha de salud mental entre hombres y mujeres se redujo en 12 %. Esto fue precisamente lo que vivió Graciela Cambindo Montaño, pedagoga de Guapi, Cauca, para quien durante la pandemia «aprendimos que la educación de nuestros hijos es un trabajo conjunto de maestros, madres y padres para que el niño avance en sus procesos (…) Hemos estado súper unidos y todo lo que nos hemos propuesto lo hemos sacado adelante en familia». 

Para las madres que asumen la responsabilidad de la educación de sus hijas, la pandemia y las clases a distancia implican un aumento en la carga de cuidado del hogar por cuenta de una serie de obstáculos que, aunque no son nuevos, si se ven exacerbados con la nueva normalidad. Patricia, por ejemplo, confiesa que no solo se ha sentido preparada para afrontar los retos de la educación a distancia de sus hijos, especialmente porque «los niños extrañan mucho el colegio, a los compañeros a su alrededor, por lo que me ha tocado inventar o reinventar laborales para que se sientan más acogidos, pero son cuestiones que le ha tocado a uno enfrentar». Graciela, por su parte, las fallas del servicio de internet y energía en el municipio, «dos elementos fundamentales para poder realizar nuestras labores escolares», son los mayores obstáculos que ha tenido que enfrentar durante la pandemia, dos problemas que no son nuevos en Guapi pero que con una educación que ahora privilegia la virtualidad sobre la presencialidad, se torna crítico. 

Si a las dificultades propias de la educación en tiempos de Covid-19, que afectan a todo el mundo, se les añade aquellos escollos propios de la realidad social colombiana, se hace evidente el por qué del aumento del estrés en las madres que apoyan las labores escolares de sus hijas. Así lo cree Claudia Yaneth Cruz, docente de la I.E.T. Salamanca en Samaná, Boyacá. Para ella, como madre lo más difícil al momento de educar es «hablar de paz, hablar de valores y de justicia social cuando ellos, nuestros hijos y estudiantes, constantemente están viendo violencia y desigualdad social». 

No hay duda de que los cambios que trajo la pandemia y la educación a distancia abrumaron a docentes, estudiantes, madres y padres de familia en todo el mundo. Pero es necesario no perder de vista que en esta realidad son las mujeres y las madres quienes asumen la mayor parte de estas responsabilidades y por ende, quienes tienen niveles desproporcionadamente más altos de malestar mental. El Día de la Madre es un momento ideal para que desde las escuelas, las comunidades educativas, las familias y la sociedad en general, busquemos cómo involucrar a ambos cuidadores (madres y padres) en la educación virtual y presencial de sus hijos, como promover la salud mental de toda la familia y como eliminar la brecha de género en las dinámicas educativas. 

Al final, quienes participaron dejaron dos mensajes en el aire: la necesidad de que las nuevas generaciones no hereden el lastre de la violencia y la impunidad, y la urgencia de que interioricemos en nuestras mentes y almas que hay acciones que no podemos volver a repetir para que valga la pena vivir en este país.