Lecciones de resiliencia

Entre el 15 y el 18 de enero, una delegación internacional de expertos en resiliencia en la educación se reunió con Educapaz y visitó varias comunidades educativas en el sur del Tolima. Esta fue su experiencia.

Por cinco mil años, diferentes pueblos han narrado su propia versión de aquella fabulosa ave. Los egipcios la llamaban Bennu, los persas Simurgh, los romanos Phoînix y a nosotros llegó como Fénix, pero todas las versiones coinciden en una cosa: una vez muerta, el ave es consumida por el fuego y, desde las cenizas, renace. El mito útil para entender una palabra por muchos usada pero por pocos realmente entendida: resiliencia. Se trata de la capacidad que tienen las personas y los colectivos para hacerle frente a la adversidad, para salir adelante en medio y a pesar de ella.

Este término ha ganado importancia en las últimas décadas dentro de las discusiones sobre la educación, especialmente para entender una de Sus paradojas: ¿Por qué sí está probado que los ambientes adversos e inseguros amenazan el aprendizaje y desarrollo de las y los estudiantes, no todos los expuestos a tales situaciones obtienen malos resultados? Quien haya tenido contacto con la educación en las zonas más alejadas y vulnerables de Colombia, sabe perfectamente de lo que se está hablando: de las niñas, niños y jóvenes que crecen en medio de la pobreza y de la guerra, pero que aun así aprenden con éxito, alcanzan sus sueños y salen del círculo vicioso al que parecían condenados; de las y los docentes mal pagados y sin apoyo institucional que autónoma e instintivamente desarrollan innovadoras herramientas pedagógicas para aplicar en las aulas; de las comunidades estudiantiles abandonadas por el Estado y cercadas por la criminalidad que son capaces de incidir en las agendas políticas para hacer de la educación el eje de la transformación social. Detrás de cada uno de estos casos -y hay varios en el país-, está la resiliencia.

Conscientes de lo mucho que Colombia puede enseñar al respecto, e interesados en compartir sus propias experiencias y conocimientos para fortalecer una red internacional en educación socioemocional y resiliencia, el programa ‘Midiendo lo que Importa’ de Porticus y la ‘Iniciativa de resultados que otros». Tiene razón: la resiliencia no es una anécdota, un milagro ni una cuestión de suerte. Alcanzarla implica actuar en los hogares, en las aulas, en las escuelas y en las comunidades para proteger a las niñas, niños y jóvenes contra las adversidades, mejorar su aprendizaje y desarrollar no solo sus necesidades básicas sino además sus talentos, competencias, aptitudes socioemocionales y relaciones ciudadanas (ver gráfico arriba a la derecha).

Es por ello que la visita de campo, más que un punto de llegada, fue entendida por todos los participantes como un punto de partida, como el hito que permitiría desatar una serie de actividades conjuntas que ayudaría a mejorar las condiciones educativas en zonas vulnerables y a fomentar la resiliencia, tanto en las escuelas colombianas como en otras partes del mundo. De hecho, PorticUs y el equipo de la FRI colaboran actualmente con iniciativas en cinco países (ver mapa página 8), trabajando directamente con estudiantes y maestros, comunidades, municipios y autoridades educativas nacionales, buscando articular sus acciones, obtener una mirada global de los aspectos comunes de la resiliencia, crear oportunidades para profundizar en ello, en estos países, fortalecer los instrumentos de evaluación en el tema, e intentar mejorar las políticas públicas nacionales. Colombia, a través de Edu- capaz, es uno de los países en los que se establece estą alianza de cooperación, lo que implica, en el corto y mediano plazo, la construcción de alianzas para el fortalecimiento de las comunidades de práctica en el tema, apoyo en la construcción de más y mejores instrumentos de medición de aptitudes socioemocionales, intercambio internacional de experiencias y fortalecimiento de las políticas públicas de juventud.

La resiliencia no es sinónimo de aguante, de fuerza ni de tolerancia. Cada vez que un estudiante o un docente reflexiona sobre las adversidades de su contexto -conflicto, pobreza, abandono, etc.-, está moldeando su resiliencia, es decir, está entendiendo su realidad, cuestionando y, en consecuencia, dando los primeros pasos para transformarla. La resiliencia no es solo resurgir de entre la cenizas, como el ave Fénix, sino preguntarse por qué se tuvo que quemar, en primer lugar.