La educación rural en el post acuerdo: avances y retos.

El Ministerio de Educación Nacional recientemente publicó el documento final de Plan Especial de Educación Rural Nacional, iniciativa surgida del Acuerdo de Paz y que Educapaz, en el marco de la Mesa Nacional de Educaciones Rurales, ha venido acompañando. Presentamos un análisis sobre lo bueno y lo malo de ese documento.

Erradicar la pobreza y cerrar las brechas entre el campo y la ciudad, es uno de los objetivos del Acuerdo de Paz en Colombia que, a finales de 2021, cumplirá cinco años. Para ello el primero de sus puntos, Reforma Rural Integral, contempla medidas para brindar atención integral a la primera infancia, garantizar la cobertura, la calidad y la pertinencia de la educación y erradicar el analfabetismo en las áreas rurales, así como promover la permanencia productiva de los y las jóvenes en el campo y acercar a las instituciones académicas regionales a la construcción del desarrollo rural (punto 1.3.2.2). Esto a través del Plan Especial de Educación Rural Nacional (PEER).  

Desde la Mesa Nacional de Educaciones Rurales (MNER), espacio de la sociedad civil del que hace parte Educapaz, se han hecho aportes significativos al diseño del PEER en distintos momentos de este proceso

Ahora, cuando el Ministerio ha anunciado una resolución para adoptar el PEER, se identificaron una serie de oportunidades, tensiones, dificultades y retos sobre la última versión del Plan. Por un lado, la Mesa reconoce varios avances: la importancia del cumplimiento de este punto del Acuerdo de Paz, la disposición gubernamental a establecer canales de diálogo, participación y articulación con la sociedad civil, o la apuesta por la integridad educativa desde la primera infancia hasta la educación superior. No obstante ve con preocupación que espacios como las Juntas Municipales de Educación Rural o los gobiernos escolares no están siendo fortalecidos, no se está teniendo en cuenta la dispersión de sedes que hay en muchos lugares de la ruralidad colombiana, y que en los planes curriculares parece privilegiarse una concepción de desarrollo rural desde los intereses de los empresarios sin posibilidad para que los jóvenes decidan libremente sus proyectos de vida. Así mismo, se percibe que no hay un reconocimiento suficiente de las barreras que existen en la ruralidad en materia de conectividad, entre otros elementos. 

Si bien el PEER no es una política sino una hoja de ruta a quince años, desde desde Educapaz nos unimos a las demás organizaciones integrantes de la Mesa en la convicción de que este debe articularse con los planes de desarrollo locales y regionales y, especialmente, con los programas y proyectos de educación rural que ya están andando en los territorios. Por esto, es urgente una socialización con las comunidades educativas que permita construir alianzas para definir la ruta de su implementación y evaluar la disponibilidad de recursos que garanticen su ejecución. 

En Colombia siempre ha habido más territorio que Estado. Esto es particularmente cierto en la ruralidad. El Acuerdo de Paz y dentro de este, el PEER, es una oportunidad para comenzar a transformar esta realidad. Pero solo será posible implementarlo de la mano y con genuino respeto por los procesos que allí han venido edificando distintas y valientes comunidades educativas.