Son cerca de 1500 millones de estudiantes en el mundo y casi 10 millones solo en Colombia, los que han tenido que salir de las escuelas y quedarse en casa para prevenir el contagio por covid-19. Educar a distancia se volvió un reto urgente, en especial para las comunidades educativas más vulnerables y alejadas.

«La cuarentena nos tomó por sorpresa a todos –confiesa Yolanda Rodríguez Vanegas, profe de Humanidades y Lengua castellana en la I.E.T. Modelia de Ibagué, Tolima–. Siempre se cree que ‘esas cosas’ suceden en otros lugares y que bastaba con las recomendaciones dadas inicialmente: licenciar a los estudiantes y trabajo institucional para los docentes. No acabábamos de asimilar esta situación cuando cambiaron las orientaciones: todos debíamos estar en cuarentena preventiva, primero por cuatro días, después hasta el 13 de abril, ahora que probablemente hasta el 31 de mayo. ¿Y después? Después no se sabe».

No es la única que se siente confundida. Desde el 11 de marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud declaró la Covid-19 –enfermedad causada por el popularmente conocido coronavirus– como pandemia mundial, más de cien países, incluido Colombia, han venido implementando en mayor o menor medida el distanciamiento social y la cuarentena como estrategias de mitigación. Esto ha incluido el cierre de las escuelas y el envío a sus casas del 91 % de la población estudiantil del mundo, como una forma de disminuir las tasas deinfección y de proteger a las niñas y niños en edad escolar, una población especialmente vulnerable a las enfermedades respiratorias. Sin embargo, siendo la educación un derecho fundamental, las comunidades educativas se han tenido que enfrentar con el inmenso reto de cerrar las aulas sin parar la enseñanza, en especial teniendo en cuenta los efectos que una larga interrupción causa en las habilidades aprendidas e incluso en las tasas de deserción.

El mundo ha asumido este reto de diferentes maneras: algunos Gobiernos han abierto gratuitamente plataformas de educación virtual, otros han vuelto a la enseñanza a distancia a partir de la radio y la televisión y algunos más han adelantado o alargado el periodo de vacaciones escolares1. Algunas comunidades educativas están priorizando la enseñanza académica a distancia, otras están modificandosus currículos para adaptarlos a la nuevarealidad y sus retos, algunas más se estáncentrando en pedagogía para la prevención y el autocuidado, y otras tantas en el acompañamiento socioemocional de las y los estudiantes y docentes2. Organizaciones internacionales también han aportado soluciones: la Unesco, por ejemplo, ha elaborado el documento América Latina y el Caribe: la Unesco entrega  lineamientos para una respuesta educativa integral frente a la COVID-193, con recomendaciones para involucrar al profesorado y a sus organizaciones en las medidas de emergencia, mejorar las instalaciones hidrosanitarias en los establecimientos educativos y flexibilizar el calendario escolar para garantizar el bienestar y los procesos de enseñanza y aprendizaje, entre otras. La OCDE, con la publicación Un marco para guiar una respuesta educativa a la pandemia del 2020 del COVID-194, presenta un listado de sugerencias para afrontar las medidas de aislamiento y la interrupción de la educación escolarizada.

La comunidades educativas colombianas, tanto urbanas como rurales, también se las están ingeniando para afrontar la coyuntura del coronavirus y para que a pesar de tener las escuelas cerradas, la educación no se detenga. Una de ellas es el Instituto Los Ángeles de Dios, en el distrito de Aguablanca en Cali, Valle del Cauca. «Desde que se escucharon los primeros casos en el país –nos cuentan Katherin Domínguez y Mónica Beltrán, profesoras de este colegio–,  la institución se dio a la tarea de preparar a su equipo de docentes, crear plataformas virtuales de aprendizaje y capacitar a estudiantes y acudientes en su manejo. Para el colegio este fue un espacio de sensibilización y de corresponsabilidad, impulsando el acompañamiento de las familias en esta época de crisis».

Pero, ¿qué pasa cuando en las casas no tienen ni computador ni internet, como ocurre en amplias zonas del país? Con estas barreras se ha tenido que enfrentar en esta cuarentena Yasbleide Almanza, docente de la I. E. Naswe’sx Fi’zñi, de Planadas, Tolima: «El Gobierno ha dado pautas para educar por medio de las estrategias tecnológicas y la conectividad –recuerda la profe–, pero en Colombia hay lugares, como la ruralidad y mi comunidad, en donde no hay acceso a las tecnologías». Por eso crearon el Cuaderno viajero. Este, que se turna de casa en casa hasta regresar a las manos de la profe para reiniciar su ciclo, permite que las y los estudiantes permanezcan conectados, compartan los talleres y tareas, conozcan los retos con los que se han enfrentado sus compañeros e intercambien recomendaciones para estudiar a distancia.

Las artes y la cultura también han demostrado ser útiles herramientas pedagógicas, en especial para enseñar los cuidados frente a la pandemia. Si no, que lo diga la Escuela Comunitaria de Paz, Arte y Cultura Tejiendo Saberes, de Guapi, mentes creativas detrás de la canción Nostalgia natural. «Esta canción nace de la inquietud de los niños y niñas de la escuela que no soportaban más tiempo en casa –nos cuenta Nany Valencia, docente de Tejiendo Saberes–. Uno de ellos nos preguntó: “¿Pero qué tanto cuidamos y pedimos, profe Nany, si todo está destruido?”. Me quedé pensando en la frase. Ya en la noche prendí Katherin Domínguez Mónica Beltrán una vela y me puse a escribir, me puse a tocar la marimba y saqué la melodía. Al siguiente día la ensayamos, la canción gustó, realizamos el video y eso nos ha servido para llevar el mensaje a todos lados».

Algo similar ha estado implementado la organización Pacífico Gran Comarca, grupo musical conformado por niñas, niños y jóvenes de esta zona del país, con la canción Cuidate y cuida a los demás5. También lo está haciendo el padre Bolívar Montaño Montero, director de la pastoral educativa del vicariato de Guapi, a través del bunde El Coronavirus6 y del poema Lecciones para aprender del Coronavirus7: «Surgen como estrategia para que los estudiantes comprendan el problema que genera este virus –nos explica el Padre– y al mismo tiempo transmitir, a través de lo étnico y de la música, las medidas de prevención que todos debemos tener para cuidarnos y cuidar a los demás. Es una invitación –continúa el Padre– a movilizar el pensamiento y lograr descubrir qué debemos transformar en lo personal, institucional y social».

Otras instituciones, conscientes de que la situación es extremadamente compleja tanto en lo académico como en lo emocional, han optado por replantear la forma en que se evalúa a las y los estudiantes durante la cuarentena. «Una de las estrategias más óptimas que hemos implementado –nos explica Yury Patricia Castiblanco Aldana, docente orientadora del Colegio Integrada La Candelaria, de Bogotá–, es lo que llamamos el aprendizaje por proyectos: con este le quitamos carga al estudiante, que ya no tiene que ser evaluado en doce o catorce asignaturas diferentes, sino que se generan dos o tres proyectos en los que se desarrollen actividades que integren varias áreas a la vez».

Como se ve, no hay una única manera ni mucho menos una receta para afrontar los retos que la Covid-19 nos plantea como sociedad y como comunidad educativa. No es la primera pandemia que afecta al sistema educativo mundial. Quizás si la más grande en cerca de un siglo, pero no la primera. Las enseñanzas del pasado no pueden llevarnos a engaños: esta situación tiene y tendrá un profundo impacto en las familias, las  comunidades educativas y en el aprendizaje de nuestras niñas, niños y jóvenes, especialmente en los más marginados, afectados por la pobreza y en contextos de  violencia. El Coronavirus no crea esta situación: la amplifica y la hace mucho más evidente.

Si bien esperamos que las y los estudiantes regresen lo más pronto posible a la escuela, también queremos asegurarnos de que la educación de calidad, aquella que no solo tiene en cuenta lo académico sino además el bienestar socioemocional de las niñas, niños y jóvenes, no sea olvidada una vez pase la crisis