Justicia para Maira, justicia social para Guapi

Cimarrones en Paz es un movimiento ciudadano surgido a raíz del asesinato de la niña Maira Alejandra en Guapi, Cauca, que promueve la justicia social y la educación para la paz como el camino para mitigar el riesgo de que casos como este vuelvan a ocurrir.

Que tiemble hoy Guapi, los cielos, las calles

Que tiemblen los ríos y también los mares.

Hoy a nuestras niñas les quitan la calma

les sembraron miedo, les crecieron alas*.

Aquel 11 de enero no amaneció ni más temprano ni más tarde que de costumbre, ni tampoco hizo más calor ni más frío. Pero aún así, no fue un despertar habitual para los y las guapireñas. Desde temprano en la mañana un rumor se tomó el pueblo y fue contaminando el ambiente de las casas, de las calles y de las plazas de este municipio de la costa Pacífica colombiana, un rumor tan macabro que sus habitantes desearon que fuera mentira, pero a la vez tan factible que nadie se atrevió a descartar como verdad.

No pasó mucho tiempo para que los murmullos se decantaran y la pesadilla fuera confirmada: fue un asesinato, sí, pero no de cualquier tipo sino un feminicidio; fue un feminicidio, sí, pero uno particularmente aberrante y apesadumbrado, el de una niña de once años. Todo era cierto. Maira estaba muerta. ¡No! ¡A la pequeña Maira nos la mataron! ¿Por qué a mi hija? ¿Por qué a mi hermanita? ¿Por qué a mi vecinita, por qué a mi compañerita, por qué a Maira, por qué, por qué?

Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo,

Si un día algún fulano te apaga los ojos

Ya nada me calla, ya todo me sobra

Si tocan a una… respondemos todas.

Cuando el crimen se hizo noticia, Colombia gritó, lloró y exigió justicia. Cuando se hizo viral, el mundo protestó, se rasgó las vestiduras e hizo un minuto de silencio. Pero cuando otras primicias llegaron el país siguió su camino, la Tierra siguió girando y fueron los y las guapireñas quienes se quedaron allí, en su territorio, con el pecado pero sin Maira, rodeados de las mismas condiciones

sociales, económicas y culturales que permitieron que esto ocurriera en primer lugar, en la espera agónica y con la certeza siniestra de que como pasó ayer volverá a pasar mañana, si no a esta a otra familia, si no en este en otro barrio… ¡No! ¡Nunca más! ¡Nos negamos a volver a llenar de flores el ataúd de otra de nuestras niñas asesinadas, a ver impotentes cómo sus madres derraman lágrimas de dolor sobre el cofre y sus padres estrellan sus puños contra las paredes! La muerte de Maira se pudo evitar y es momento de que alguien, de que todos hagamos algo para evitar nuevas muertes. Con esa certeza surgió Guapi sin Miedo, una espontánea iniciativa ciudadana hoy convertida en Cimarrones de Paz.

A cada minuto, de cada semana

Nos roban amigas, nos matan hermanas

Destrozan sus cuerpos, los desaparecen

No olviden sus nombres, por favor,

tenerlos presentes.

No hay ingenuidad en los análisis que hace Cimarrones de Paz. Está demostrado que la brecha de la desigualdad y la injusticia social impacta negativamente en la seguridad y en la convivencia pacífica. Por eso, desde 2007 las Naciones Unidas declararon el 20 de febrero como el Día Mundial de la Justicia Social, reconociendo que el desarrollo social y la justicia social son indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad y que, a su vez, el desarrollo social y la justicia social no pueden alcanzarse sin paz, seguridad y respeto por los derechos humanos. Es aún más grave cuando tales brechas afectan a las personas debido a su género o a su raza, como es el caso de Maira, una mujer-niña negra de una comunidad afrocolombiana históricamente en pobreza y en vulnerabilidad.

Cimarrones en Paz, en ese sentido, es una iniciativa de justicia social. En palabras de Leidy: «Nosotros queremos incidir de manera eficiente en el cumplimiento de las políticas públicas, las leyes y las acciones que posibiliten que los diferentes entes del Estado cumplan con sus funciones para cuidar la vida de los niños, niñas y adolescentes. Surgimos a partir de la muerte de Maira, sí, pero no es solo por ella. Reconstruimos otros hechos y sus causas, y hacemos eco para que unas y otras no sigan siendo parte de nuestro diario vivir». Por eso, a la par de justicia, están presionando por inversión social y acciones que reduzcan esas brechas que padece Guapi: parques infantiles, canchas deportivas, jornadas de cine itinerante, teatros, centros y casas culturales, etc.

Por todas las niñas marchando en Reforma

Mujeres Rurales que son maltratadas

Las que sobreviven a tantas violencias

Cantamos sin miedo… pedimos justicia.

La prioridad ahora, desde luego, es llevar al feminicida ante las autoridades y evitar la impunidad. Pero hay dos retos adicionales que Cimarrones en Paz ha tomado muy en serio: combatir el olvido y educar para la paz. Saben que ese es el camino para transformar las realidades de su municipio. Por eso tienen una ambiciosa agenda que incluye marchas, plantones, conciertos, tardeadas culturales, jornadas de poesía y muchas otras actividades que convoquen al «no olvido» a la resistencia y a generar espacios protectores que salvaguarden la vida de los niños, niñas y adolescentes guapireños. Saben que todos y todas somos potenciales educadores para la paz: el zapatero, el portero, la profesora, la alcaldesa. Cada uno, desde lo que hace, puede transformar las realidades de sus territorios y ser gestores de paz. Nada nos devolverá a Maira y quizás nada aplaque la tristeza que siente su familia, pero si por lo menos aprendemos esto, entonces habrá futuro.

Soy Maira, soy Rolando y soy Angie

Soy Iris soy Betssy y somos todas

Soy la niña que subiste por la fuerza.

Soy la madre que ahora llora por sus muertas.

Y soy esa que te hará pagar las cuentas.

*Extractos de la canción Sin miedo «Soy Maira», escrita por Leidy Riascos interpretada por las mujeres de Cimarrones en Paz.