Hacia una agenda docente

A las y los docentes es necesario formarlos con seriedad, remunerarlos adecuadamente y dignificarlos socialmente. Estas propuestas, que bien pudieron ser de hace pocos días, fueron planteadas hace casi tres décadas en el informe Colombia: al filo de la oportunidad, elaborado en 1996 por la llamada Misión de Sabios para generar propuestas de mejora estructural de la educación en Colombia. Que un documento de recomendaciones, sobre cuya pertinencia y calidad hubo relativo consenso, continúe vigente más de 20 años después de escrito, sin duda es una señal de que algo anda mal. 

Y lo está, teniendo en cuenta que hoy maestras y maestros siguen ganando poco en el sector oficial, y en el sector privado a veces menos. Que hay pruebas de que su trabajo, extenuante, en ocasiones entraña riesgos de salud y su seguridad social no es la mejor. O que la mitad de las y los licenciados trabajan en empleos inestables o no consiguen trabajo. Esta situación contrasta con el perfil que tienen: estudian mucho, suelen endeudarse en cosas útiles como su propia preparación, tienden a transmitir esa vocación educadora a sus hijos e hijas —los cuales tienen menores niveles de deserción escolar—; y, aunque son víctimas del conflicto y están en todos los rincones del país, suelen estar más abiertos a la reconciliación y a la construcción de paz.  

Por eso sorprende que, al analizar los programas de gobierno de los candidatos presidenciales, se encuentre que sus apuestas educativas en general y frente al fortalecimiento de la docencia en particular, no salgan de los lugares comunes y no describan las visiones estratégicas para cumplir sus promesas. Las soluciones de fondo a los problemas estructurales que afectan a las y los docentes, quedan sin respuesta. 

Hoy la sociedad colombiana no solo quiere más y mejor educación, sino que es consciente de que esto pasa por la excelencia docente, es decir, por el apoyo a sus reivindicaciones de mejora salarial y estabilidad laboral, a su reconocimiento y valoración social. En este mes del maestro y de la maestra, que coincide con el mes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el llamado es a que los elegibles que se están postulando concreten sus propuestas, retomen el camino marcado hace 28 años, y se vuelvan coequiperos de las y los maestros.