Explorando la verdad

Educapaz y la Comisión de la Verdad trabajan en conjunto en Expediciones pedagógicas, un proyecto en las escuelas y con las escuelas para promover la búsqueda de la verdad, la reconciliación y las garantías de no repetición.

En la búsqueda apasionada de la verdad como bien público de los y las colombianas —parafraseando al padre Francisco de Roux—, las comunidades educativas tienen mucho que aportar. Estas, al fin y al cabo, sufrieron el conflicto armado y en no pocas ocasiones fueron usadas como trincheras, teatro de operaciones e incluso como carne de cañón, cruel instrumentalización que hasta el día de hoy les está pasando factura no solo por las generaciones perdidas en medio de las balas, sino por la imposición de una cultura violenta y del atajo difícil de erradicar de las aulas.

Esto lo sabe la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, mejor conocida como la Comisión de la Verdad. Esta institución, creada por el Acuerdo de Paz para esclarecer lo que pasó en medio siglo de conflicto armado, se posesionó hace tres meses, tiempo suficiente para dejar claro su interés en escuchar la voz de estudiantes y docentes de aquellas zonas especialmente golpeadas por la guerra.

Y es allí en donde se cruzan los caminos de la Comisión y los de Educapaz. No en balde esta última tiene en la educación para la reconciliación uno de sus pilares y ha sido testigo de cómo, desde las mismas comunidades educativas afectadas por el conflicto, están surgiendo propuestas pedagógicas para sacar la guerra de las escuelas y de las mentes a través, entre otras cosas, de la reconstrucción de narrativas del conflicto que ayuden a entenderlo y a cerrar heridas.

Teniendo objetivos tan cercanos y complementarios, no es de extrañar que estas dos instituciones terminan acercándose y trabajando en conjunto. Así nació el proyecto Expediciones pedagógicas de la Comisión de la Verdad: La escuela como espacio de reconstrucción de la memoria histórica y la búsqueda de la verdad, la reconciliación y las garantías de no repetición. La apuesta es generar un movimiento pedagógico para que niñas, niños y jóvenes de colegios públicos y privados, rurales y urbanos de las nueve macro regiones que actúa la Comisión, reflexionen sobre el valor de la verdad en la vida cotidiana y en la memoria colectiva sobre el conflicto armado, pudiendo con ello convertirse en agentes de reconciliación.

Lograrlo implica un trabajo a lo largo de los próximos años (2019-2020) a través de expediciones pedagógicas que, aprovechando la reintroducción de la clase de Historia en el currículo, documenten las reflexiones personales y colectivas sobre el conflicto armado y sobre el rol de la verdad en la paz, utilizando el arte, la comunicación y la investigación participativa como instrumentos. La experiencia y sus resultados se llevarán a los currículos nacionales y a la opinión pública para darlos a conocer a todo país, más allá de la vigencia de la propia Comisión.

Los pasados 19 y 20 de octubre, con la realización del taller Memoria, verdad y educación, se dio el primer paso en esta dirección. Con la presencia de algunos comisionados, miembros y socios de Educapaz. y especialmente de más de treinta experiencias escolares, académicas y comunitarias que vienen impulsando procesos de edUcación, memoria y convivencia a lo largo del país (ver mapa), se avanzó en la construcción de un «mosaico metodológico», una especie de colección de enfoques, experiencias, aprendizajes y herramientas que ya han probado su efectividad-o dificultades- en el camino de fomentar la memoria, la convivencia y la transformación sociocultural para la paz desde la escuela.

La verdad histórica es distinta a la verdad jurídica y, por supuesto, a las verdades políticas. Con la primera es con la que está comprometida la Comisión de la Verdad y Educapaz, y ella no es otra cosa que retomando al padre de Roux- «la búsqueda de un relato común donde todos nos veamos reflejados». Con las Expediciones pedagógicas las comunidades educativas serán incluídas en ese relato no solo como víctimas de una guerra que no pidieron sino además como actores de reconciliación y de no repetición.