Así se llamó el seminario web (webinar) que realizamos el 19 de mayo en el marco de la plataforma de aprendizaje Paz a tu Idea. Allí, el equipo en Colombia del Global Center for Development of the Whole Child, de la Universidad de Notre Dame, habló sobre la resiliencia, los factores protectores en el marco de la COVID-19 y algunas buenas prácticas que han encontrado en el país gracias a sus investigaciones. Acá

algunas de las reflexiones.

«De cada curso se nos están quedando cinco o seis estudiantes sin ser atendidos –acepta con mucho pesar Ramiro Rojas, rector de la I. E. Leonidas Norzagaray, de Puerto Leguízamo, Putumayo–. El problema son las distancias: son estudiantes que ya se han ido de la comunidad porque no tienen alimentos; entonces los padres han manifestado que ellos prefieren irse para sus casas porque allá al menos pueden comer pescado, plátano o yuca; en cambio en la comunidad en la que estamos no hay alimentos ni tampoco asistencia del Estado. Ellos están en comunidades muy lejanas –un día en bote– y nosotros no alcanzamos a llegar hasta allá, es imposible atenderlos».

Lo que nos recuerda este testimonio –reflexiona el equipo de Notre Dame– es que en amplias zonas del país, en especial en la ruralidad dispersa y en los territorios étnicos, las escuelas no son únicamente centros de enseñanza; también son fuente de alimentación para las niñas, niños y jóvenes que asisten a ellas, por lo que el cierre de estas instituciones, aunque entendible dada la pandemia, tiene impactos que van mucho más allá de lo académico, consecuencias que docentes, familias y acudientes, ante la ausencia del Estado, están teniendo que sortear autónomamente.

«La estudiantil es una población que se puede derrumbar muy fácilmente –nos recuerda Miguel Suárez, rector de la I. E. Ricardo  González, de Valledupar, Cesar–: no puede ir al colegio, no tiene alimentación suficiente en su casa, no tiene dónde recrearse, a los parques no puede ir… ¡Es un ambiente muy inhóspito para los estudiantes! Entonces por lo menos que puedan oir el video, que puedan decir: “Ah, esa es mi psicóloga, ese es mi profesor, ese es el rector que me está dando un mensaje”. Que no se pierda esa, esa… ¡familiaridad! Tampoco a nosotros, porque por ejemplo yo soy uno de esos que llega a las 5:30 todas las mañanas y me paro en la puerta del colegio y saludo a todos los muchachos».

Pero en medio de tanta adversidad, el equipo de Notre Dame encontró docentes y rectoras que están implementando acciones recursivas usando, por ejemplo, los celulares y el Whatsapp –dos de las herramientas con mayor cubrimiento geográfico en Colombia– para hacer tutoriales, no solo para sus estudiantes, sino además para las familias, para que ellas aprendan mecanismos con el fin de promover ciertas aptitudes desde las casas, para que estudiantes y familias se sientan acompañados.

«La Secretaría de Educación saca la resolución del cierre de las escuelas a partir del 16 de marzo –explica Néstor López, rector de la I. E. Escuela Indígena de Donachui, en Valledupar, Cesar–, pero como hay un gobierno interno dentro del pueblo arhuaco, fue necesario que nos reuniéramos con las autoridades mayores y que ellas determinaran qué era lo que había que hacer. Entonces, junto con los mamos, con su orientación, se determinó qué era lo que se iba a hacer en la Sierra: un “plan candado”, un cierre de todas las entradas a la Sierra para evitar el contagio».

Uno de los hallazgos más relevantes expuestos por los expositores invitados fue que las comunidades indígenas han hecho uso de su conocimiento y prácticas ancestrales para manejar la crisis y proteger a sus miembros. Han acatado las recomendaciones de bioseguridad de las autoridades estatales, pero paralelamente han desplegado una serie de medidas propias que, de hecho, pueden enseñarles mucho al resto de las instituciones educativas y al país.

«Lo que más nos impactaría en este momento es que volviéramos a clase y unos niños hubieran tomado otro rumbo –confiesa Jairo Arroyo, rector de la I. E. De la Ventura, en Tiquisio, Bolívar–: que algunas niñas ya se hayan casado, algunos niños se hayan ido para las minas, otros estén en partes donde no deben estar; que lleguemos y que todas esas ganas que ellos tenían antes de la pandemia se hayan ido, que no encontremos ese mismo optimismo, esa misma alegría que había en ellos o ese mismo interés con respecto a la educación».

Son muchas las comunidades educativas que, después de un arduo trabajo de varios años, han logrado arrebatarles las niñas, niños y jóvenes a la guerra y a la ilegalidad. Ahora, como lo expusieron los investigadores, algunas de dichas comunidades sienten que esos logros están en riesgo y que lo estarán aún más a medida que se alargue el cierre de las escuelas, en especial en aquellos contextos en los que las economías ilegales tienen fuerte presencia.

«Al final de la semana, de la quincena o del mes, el profesor mira en qué contenidos los muchachos no han alcanzado los objetivos –cuenta Armando Moyano, rector de la I. E. El Carmen, sede Colegio Rural Telesecundaria Pastor Ospina, en Guasca, Cundinamarca–. Entonces hace una recapitulación, pero ya el profesor no es quien va a dictar la clase, sino que este diseña una serie de estrategias y se las distribuye a los muchachos aventajados de la clase, quienes la guían. En estas clases virtuales pueden estar los padres de familia, incluso si no saben leer ni escribir, bien sea apoyando en lo que se necesite, entregando materiales o cualquier otra cosa que el profesor les explica desde el día anterior. Así se da una compenetración tremenda entre los padres de familia y  los muchachos, y para estos, ver a sus padres con ellos, interactuando, resulta muy motivador».

Con la pandemia se ha creado el mito –asegura el equipo de Notre Dame– de que las escuelas rurales simplemente no estaban preparadas para la educación a distancia. Aunque esto es verdad para muchas de ellas, también lo es que algunas, como esta, en Cundinamarca, ya tenía un terreno abonado en teleeducación, una experiencia exitosa que le permitió asumir la cuarentena de una manera mucho menos traumática que otras instituciones, incluso en las grandes ciudades.

El webinar completo pueden verlo y escucharlo gratuitamente en la plataforma Paz a tu Idea: www.pazatuidea.org o en el canal YouTube de Educapaz.