Cerrando ciclos de palabra

En diciembre de 2019 fue la clausura del proyecto Escuelas de Palabra – zona Caribe e insular. El resultado son 32 investigaciones presentadas por instituciones educativas de ocho departamentos del país: Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena, Sucre y San Andrés y Providencia

Hablar del conflicto armado no es fácil. Preguntarse sobre lo qué realmente ocurrió, tampoco. Mucho menos lo es llegar a respuestas, aún sabiendo que ellas podrían revelarnos responsabilidades, culpas, causas, consecuencias, hechos, silencios y realidades que, aunque nos ayudan a cerrar heridas, también pueden abrirlas. 

¿Cuál es la relación entre el conflicto armado y la disminución de la población estudiantil en nuestra escuela? 

¿Por qué se ha perdido el valor de la palabra y que consecuencias ha traído esto para los pueblos indígenas? 

¿Cuáles son las fallas en la comunicación institucional y cómo esta ha aumentando la polarización de las relaciones entre la comunidad educativa de nuestro colegio? 

¿Qué factores influyen en la resistencia que presentan los jóvenes frente a las figuras de autoridad y cómo esto ha afectado la convivencia en los últimos dos años en nuestra escuela? 

¿Cuáles son las causas y consecuencias de la violencia física y verbal entre los estudiantes de nuestro colegio? 

¿Cuáles fueron los factores que generaron el proceso de invasión del terreno de nuestro barrio, y cómo esto incidió en las dinámicas de nuestra institución educativa? 

Son solo seis de los 32 interrogantes planteados y respondidos por igual número de instituciones educativas del Caribe y la zona insular del país, todas participantes de Escuelas de Palabra, una iniciativa de investigación participativa de Educapaz y la Comisión de la Verdad, dirigida a equipos que se conforman en escuelas interesadas en reflexionar sobre el valor de la verdad y su importancia para la construcción de paz en Colombia.

Suena irónico, pero a veces las palabras no alcanzan —o incluso sobran— para responder tales preguntas. Las escuelas participantes lo saben. Por eso los resultados de sus investigaciones no se limitaron a informes o documentos que corran el riesgo de engavetarse en el olvido —les costó mucho llegar a sus propias verdades como para permitirlo —; sus productos vienen acompañados de videos, puestas en escena, documentales, dibujos, narraciones, cantos, bailes, recitales y un sin fin de expresiones artísticas dirigidas no solo a contar lo hallado sino, quizás más importante aún, que esto llegue a la mayor cantidad posible de personas, logre quedarse en su memoria y, quizás con algo de suerte, en la memoria histórica del país: “Llegar al fondo, ¡al verdadero fondo de todo!, para saber bien, con claridad, cuál fue la verdad”, como afirma Albeiro Climaco, estudiante de la I.E. San José de Uré. 

En diciembre fue la clausura de Escuelas de Palabra – zona Caribe e insular. En este 2020, a la par que se profundizará en algunas experiencias concretas, se abrirá el capítulo zona Andina, una oportunidad para conocer otras verdades del conflicto y otras maneras de construir paz desde la escuela.