Balsada por la educación

Educapaz participó en la balsada, una de las más tradicionales y coloridas fiestas de Guapi, Cauca, cuando el río y las noches del 6 al 8 de diciembre se llenan de múltiples y adornadas embarcaciones. La educación, también estuvo presente. 

Un colosal lápiz de madera recorrió durante toda la noche las aguas del río. Esta frase, que bien podría ser el inicio de una de las fantásticas narraciones de Mary Grueso, la poeta guapireña, es en realidad lo sucedió en Guapi, municipio del litoral Pacífico caucano, a inicios de diciembre durante la celebración de sus fiestas patronales, en honor a Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, o, como la comunidad la llama con algo de respetuosa familiaridad y con mucho de devoción, La Purísima.

No se trató, desde luego, de un lápiz cualquiera: fue uno forjado de la unión de varias canoas de madera y guadua, de uno y de dos pisos, cada una de ellas decoradas con ramos de palmeras, luces, globos, flores y figuras religiosas. Las artesanales y coloridas embarcaciones, amarradas unas con otras y dejándose llevar por el amable caudal del río Guapi, forman la balsada. Las hay de diferentes formas y tamaños, pero una de ellas, este 2019, evocó al lápiz, como una manera de recordar –en palabras del Padre Bolívar Montaño– «todo el progreso que la educación le puede traer al municipio (…) y para que la santísima Virgen interceda ante su hijo por la educación superior de los jóvenes guapireños que se gradúan y que a veces no tienen la posibilidad de seguir estudiando». 

La escogencia de este poderoso símbolo también fue un generoso gesto de la comunidad reconociendo el trabajo realizado por Educapaz en el municipio1 , y visibilizando su apoyo a la balsada. «Por eso –continúa el Padre Montaño–, la imagen del anda de la Virgen es un libro, uno que dice: “La educación transforma individuos, escuela, comunidad y sociedad”».

Que la educación haya sido escogida como uno de los símbolos de esta fiesta, una basada en la construcción colectiva entre toda la comunidad, con la guía de sabedores y maestros ancestrales, no es poca cosa: «Esta celebración –reconoce visiblemente emocionada Ruth MaryenValencia García, maestra guapireña y guía del equipo de Educapaz en esta, nuestra primera balsada–, es una manifestación ancestral que queremos y amamos (…) Con todas estas expresiones representamos unidad, alegría, amor, el rescate de nuestras tradiciones, nuestra identidad cultural, el fomento de ella en las nuevas generaciones y el arraigo; porque esta es una historia que no se pierde, que está constante, que está allí». 

A medida que avanzaba la noche en la rivera guapireña, en medio de cantos, comida, risas, arrullos y tonadas –«porque el guapireño a todo lo que vive le saca una canción; lo que vivimos lo sentimos», como asegura Maryen–, al equipo de Educapaz nos invade una sensación de profundo agradecimiento con la comunidad por habernos incluído en esta, su celebración. Nunca habíamos estado en una balsada, mucho menos en una por la educación, en una en la que diversas organizaciones sociales y expresiones comunitarias –como la escuela Tejiendo saberes, Semblanzas del río Guapi liderada por la maestra Yamile Cortes Vergara, el Vicariato apostólico, la Red comunicativa de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, así como la comunidad de Santa Rosa del consejo comunitario Guapi abajo– unieran sus voces para defender la educación pública, para pedir por una educación de calidad, para fortalecer la educación rural y para decir que creen en una educación socioemocional, ciudadana y para la reconciliación que evite reciclar la guerra, que le poder a la gente y a la comunidad y que transforme la vida de las personas. Estamos en Guapi para seguir fortaleciendo un movimiento gigantesco para la educación, uno que cambie la forma de entender la educación en toda Colombia. ¡Gracias por invitarnos a su fiesta, gracias por creer en la educación para la paz! Esperamos volver y recitar, junto a Mary Grueso: 

Vamos a las montañas, vamos al mar 

nos subiremos en lanchas 

y empezaremos a jugar 

con las olas traviesas 

para subir y bajar 

entre espumas marineras 

o las palmeras trepar, 

y en los raiceros 

de natos y manglares 

sacaremos cangrejos 

de las cuevas del barrial 

o recogeremos almejas 

entre arena y aguasal.

Crónica de una balsada.

Por: Ruth Maryen ValenciaGarcía

La balsada inicia desde el momento en que la gente de las comunidades se reúnen para planear, con mucha mesura, todo el proceso de construcción arquitectonico. Los hombres se van al monte a buscar palos, madera y guadua, y las mujeres les preparan la comida para que se la lleven. Ellos cortan la madera en donde no afecten la vegetación, e incluso hay algunos que llevan árboles para sembrar. Cuando ya está todo listo, hay que ir por las canoas. Estas deben ser grandes y tener todas las mismas medidas, que no queden unas más grandes que las otras. Ahí empezamos el armamento del esqueleto, como le decimos acá, y de ornamento, que lo hacen los niños y las mujeres de la comunidad alrededor de una olla comunitaria, risas y canto. Con los ramos se van forrando las tablas y los palos, y alrededor se cuelgan las luces de navidad –aunque antes se alumbraba con velas–. El anda no puede faltar, el anda de la Virgen Inmaculada, que este año es un libro (…) Esta tradición, que representa la forma en que ella llegó hasta acá, traída por los españoles desde el Ecuador por la quebrada El Firme, es muy importante para nosotros: recuerdo a un niño que decía “nunca me voy a olvidar de esta fecha, el 7 de diciembre de 2019”; dijo que la iba a anotar para no olvidarse porque se montó en su primera balsada»