Alimentar mentes, no estómagos

NASCO Feeding Minds es una ONG creada por jóvenes africanos con el objetivo de cambiar el paradigma de la ayuda humanitaria para que esta sea horizontal y se centre en la educación antes que en el asistencialismo. Educapaz habló con Ousman Umar, su fundador.

Todo empezó por curiosidad. Por la curiosidad de un niño de Fiaso, pequeña aldea de Ghana en el oeste de África, que al ver un avión se preguntó por qué este se sostenía en el aire mientras que su juguete, construido con sus propias manos, caía al suelo. La respuesta fue demoledora: «lo construyeron los blancos». Ese fue el detonante para que Ousman Umar, con apenas nueve años, saliera de su pueblo en busca del sueño europeo, aquella especie de paraíso que en su imaginación era sinónimo de inteligencia, de ingeniería, de máquinas maravillosas y de superioridad. Pero llegar allí, como le ocurre a la mayoría de migrantes africanos, fue una trágica odisea que no solo le cambiaría su vida sino su concepción sobre Europa, sobre África, sobre la idea de progreso, sobre la cooperación internacional y sobre la educación. 

Trabajó soldando chapas por comida en una ciudad cercana a su pueblo, laboró por propinas en el puerto de la capital de su país, atravesó y fue abandonado en el desierto del Sahara intentando llegar a Libia, y casi muere y vio a la mayoría de sus compañeros de viaje morir cruzando el Mediterraneo en una patera, aquellas peligrosas embarcaciones hechizas en la que los traficantes de migrantes amontonan a las personas y en no pocas ocasiones naufragan en medio del mar. «Aquí resalto la importancia de la educación y la formación ─le aseguró Ousman a Educapaz en un webinar* realizado el pasado 23 de mayo─: de haber sabido que había tanta distancia, quizás lo hubiera pensado dos veces». 

Lo primero que conoció de Europa, fue la cárcel. Ser migrante, negro y pobre, como no tardaría en darse cuenta, es considerado un crimen en la tierra de los creadores de los Derechos Humanos. Fuera de prisión, pasó algunos de los peores días y noches de su vida: en absoluta soledad, escarbando comida en la basura, conocedor de tres idiomas pero ninguno de ellos útil para comunicarse con las personas de Barcelona, la ciudad en la que finalmente se estableció. «La imagen que la mayoría tiene de África ─nos recordó Ousman─ es de desgracia, pobreza, hambre, niños desnutridos y sequía; pero os prometo que en la aldea en que nací nunca me fui a dormir sin haber comido. Es cierto que en temporada de mangos comía mango tres veces al día, pero se comía, y si no era mango sería papaya u otra fruta. En cambio en las ciudades sí que pasé hambre». 

Fue esta contradicción entre su imaginario de Europa y la realidad con la que se enfrentó, lo que lo llevó a cambiar las preguntas que se hacía en su cabeza: ya no era por qué tuve que vivir todo esto, sino para qué. Ese fue el interrogante que, entre llanto, lo mantuvo despierto toda aquella noche, en la casa de aquella desconocida catalana que semanas atrás lo invitó a desayunar  y le dio su número telefónico en caso de que algún otro día se viera durmiendo en la calle. Era Montse, quien con el tiempo se convirtió en su tutora, en su familia. «La respuesta estaba clara: ahora tengo que comunicar e informar de mi experiencia para concienciar a los otros sobre el lugar del que procedo. Tiene que haber una manera de mejorar nuestras condiciones en Ghana y, lo más importante, tengo que evitar que otras personas sufran la misma experiencia que yo. Las posibilidades de morir son demasiado elevadas», recuerda Ousman. 

En 2012, graduado de la universidad, fundó la ONG NASCO Feeding Minds, con el fin de proporcionar acceso a la información y reducir la brecha digital. Esto para evitar que los jóvenes africanos se embarquen en viajes mortales, que conozcan las distancias, los riesgos y la ubicación de Europa. Pero sobre todo, para demostrar que a través de la educación y de las nuevas tecnologías se puede salir más rápidamente de la pobreza sin tener que huir de sus lugares de origen, sin que sea necesario ir a las grandes ciudades ni jugarse la vida cruzando el mar. Con el programa de donación de computadores, educación, salud, medio ambiente, entre otros, se han beneficiado más de 20 mil alumnos y treinta escuelas principalmente en la región norte de Ghana. 

«Podemos decir que somos la primera ONG creada de manera horizontal, no vertical. Es decir, no por el hombre blanco, rico, que tras enriquecerse a costa de los africanos se da cuenta que había que hacer algo. No. Esto se trata de que es el pobre emigrante que, tras mil luchas, consigue llegar con vida y ayuda a su propia gente. Somos nosotros mismos quienes tenemos que asumir la responsabilidad de cambiar nuestra realidad». 

*El webinar puede verlo completo aquí