¡A parar para avanzar!: experiencias de jóvenes durante el paro nacional

Han sido dos meses de una histórica movilización marcada por el liderazgo de la juventud, la creatividad y el pacifismo, protestas opacadas por la represión y actos de violencia. Nueve jóvenes de diversas regiones del país nos cuentan la forma en que lo han vivido. 

Si quieres que algo se muera, déjalo quieto, canta Jorge Drexler en una de sus canciones. Y es exactamente así como Laura Pillimue, estudiante de diseño y miembro del nodo de jóvenes de Bogotá, define el Paro Nacional: «una forma de evitar que el país muera dejando las cosas como están; una forma de sacudirlo para que viva». Laura es una de las decenas de miles de jóvenes que apoya las movilizaciones y una de las nueve panelistas invitadas a los espacios de reflexión que desde Educapaz hemos realizado sobre el tema. «Al principio sentí dolor e indignación ─continúa Laura─: durante las movilizaciones se vivieron masacres, porque así hay que llamarlas, ¡masacres!, contra la vida de jóvenes que reclamaban una vida justa y digna. Las decisiones políticas desde el Gobierno me molestaron mucho, pero después vi que lo que estaba ocurriendo era que los jóvenes, por primera vez, nos estábamos uniendo, responsabilizándonos del país, invitando a otros a resistir desde la no violencia». 

Esa sensación de cohesión también la comparte Nuvia Elena Payán, estudiante de Cali. «Durante el paro he experimentado una unión ciudadana que nunca había visto. Es una angustia colectiva, una fuerza colectiva que va más allá de la insatisfacción de las necesidades básicas: las personas salen porque no tienen comida y porque les quieren quitar lo poco que tienen, pero también por la desigualdad histórica, porque los jóvenes de hoy, como sus padres y sus abuelos, no pueden asistir a la universidad. No queremos que se siga perpetuando la desigualdad». 

Al hablar con este grupo de jovenes se hacen evidente que, sin falsa modestia pero sin egoentrismos, son conscientes de que su lidereazgo ha sido fundamental para mantener viva la movlización, un proceso con no pocos logros ─el retiro de la reforma fiscal y de la reforma a la salud, entre otros─ pero por el que han tenido que pagar un alto precio: ser el principal blanco de la represión y de los actos de violación de los Derechos Humanos. «Han sido más de 47 asesinados, 963 detenidos arbitrariamente, doce mujeres víctimas de violencia sexual, 558 desaperidos, 28 afectados en los ojos, 278 agresiones por abuso poicial, 1876 hechos violentos… la gran mayoría en contra de los y las jóvenes que marchamos». Las cifras las trae a colación Dilan Jhanier Quintana, estudiante caleño de 17 años, para quien lo más lamentable de los más de cincuenta días de paro nacional ha sido «ver a tantas personas que han dejado su vida por la movilización». 

Trágica y paradójicamente, de esta situación también han aprendido. De eso está segura Shirley Armijo, del nodo de jovenes de Chocó: «Antes sabiamos que los Derechos Humanos estaban ahí para nosotros, pero no fue sino hasta ahora que tomamos consciencia de ellos, de hacerlos valer, de hacerlos respetar, de denunciar su violación. Y eso ha sido porque ahora vemos como nos los vulneran diariamente durante las movilizaciones». Una percepción similar es la que tiene Jhon Keneddy Segura, influenciador étnico de Guapi: «Me tocó ver la violencia de los primeros días del paro; literalmente no podía dormir viendo las transmisiones en vivo en las grandes ciudades. Pero ver todo esto cambió mi forma de vida y de pensar: por ejemplo nos hemos puesto a investigar sobre el Congreso, averiguando qué hacen y qué no hacen. Eso para mí es un gran logro de los jóvenes que han salido a manifestarse». 

Pero quizás lo más valioso es que este aprendizaje no ha sido solamente coyuntural, para intentar sobrevivir a la represión, sino que ha generado un cambio estructural tanto a nivel personal como colectivo. Así lo cree Stefany Cadena, estudiante que hace parte del nodo de jóvenes de Bogotá: «Nosotras siempre hemos visto las injusticias que pasan en el país, pero ahora el reto que tenemos es saber qué hacer frente a ellas, cómo mostrarlas, denunciarlas. Nos hemos visto obligados a aprender rápidamente cuáles mecanismos existen para protegernos. Hemos tenido que formarnos como sujetos de paz y como personas promotoras de cambio». Esa necesidad de reinvención también ha llegado a las aulas, proceso que con el Paro Nacional le tocó vivir a Katherine Dominguez, joven docente en Cali: 

«A raíz de la situación tuve que evaluar mi rol como docente y el rol de la academia en el país. En medio de una situación tan difícil y palpable para los estudiantes, no podíamos llegar a la clase y no mencionarlo. Pero para hacerlo tuve que reevaluar mi ser y mi hacer, mis prioridades en el aula. Debía entender que lo que ocurría en las calles era un acto de bioresistencia que le crea a los estudiantes y a nosotros los docentes nuevas visiones, preguntas y respuestas. 

Y eso tenía que ser lo primordial». Angelica Maria Ocampo, colega docente en la capital del Valle del Cauca, no solo la apoya sino que reconoce la importancia de valerse de la educación ciudadana para la reconciliación y socio emocional CRESE para reflexionar sobre los problemas sociales del país: «El estar nosotras como docentes manifestandonos y alzando la voz ─dice la profe Angelica─ abrimos un espacio para que los estudiantes, los jóvenes que lideran estos espacios de transformación, reflexionen sobre sus derechos y la necesidad de luchar pacíficamente por ellos, bien sea desde las calles o desde las aulas o desde sus casas». 

La conversación también sirvió para evidenciar una realidad que suele pasarse por alto cuando se habla de las y de los jóvenes: que no son un grupo homogéneo que pueda ser etiquetado a partir de generalidades y lugares comunes. Por el contrario, dependiendo de su realidad socioeconómica, contexto territorial o contexto étnico ─por nombrar solo algunas variables─, sus agendas reivindicativas cambiarán. En esto hizo énfasis Camilo Clareth, estudiante de Guapi, para quien «la resistencia en los territorios afro ha sido diferente, no solo porque tienen una serie de problemas estructurales e históricos sino porque allí la estigmatización hacia los líderes y las lideresas que se movilizan es más fuerte».

De estos y muchos otros temas hablamos en los tres paneles de reflexión promovidos por Educapaz: Vivencias dentro del paro, realizado el 14 de mayo; La educación en tiempos de paro, el 19 de mayo; y Derechos humanos y jóvenes, el 24 de mayo.

Cada una de estas transmisiones puede verlas siguiendo los enlaces que se incluyen dentro del texto o en el canal de YouTube de Educapaz. 

Si quieres que algo se muera, déjalo quieto, dice el cantante uruguayo en su canción Momentos. A juzgar por estas conversaciones, las y los jóvenes no permitirán que Colombia muera.